A pesar de que las dimensiones de Lanzarote se alejan de lo desproporcionado, en los casi 850 kilómetros cuadrados de su contorno residen hitos que sólo pueden ser descubrieron si se deja engatusar por el verdor nacido de las tempraneras lluvias de otoño.
El transformado look de la isla de los volcanes en esta época, hace brotar en la mirada del paseante, además de mostrar la transitoria vegetación, parajes que de otra manera, dominados por una aridez clásica y sentimental, serían difícilmente visitados por alguien ajeno a la vida que habita esa demarcación concreta.
El pueblo de Nazaret, en el municipio de Teguise esconde en su cima, un lugar para el que no cabe otro adjetivo que usar el de curioso. Y no, no hablamos del consabido Lagomar que, si hacemos caso a una falsa leyenda perpetuada a la fuerza, fue perdido por el actor británico Omar Sarif en una partida de cartas en los años 70.
En nuestro caso las cartas no tienen nada que ver, pero sí el azar. Si se decide subir la montaña del pueblo, cuyas casas blancas se orientan al sur de Las Laderas, una vez acaba el piche de sus calles, uno se topa con un apetecible sendero de tierra. Tomarlo es un pequeña aventura en la rutinaria monotonía de vehículo y oficina.
El aire fresco movido por la virulencia del alisio saluda al caminante que, inconsciente, se adentra en una planicie donde nuestra vista, si permanece atenta, podrá observar aves amparadas por la cercanía de la zona con el Paisaje Protejido de Tenegüime.
Desde la altura logra difuminarse con este ejemplo paisajístico de la geología insular un cementerio de mascotas, la verdadera rara avis de la zona, que pervive majestuoso y elegante a la vera del camino empedrado que gira a la derecha en la primera bifurcarción.
Once son las tumbas de animales que allí descansan para la eternidad al menos desde 2003, la fecha más antigua de las grabadas en las cruces que marcan cada una de los nichos. Ben, Blanca, Fluffy, Ginger, Smokey… los nombres de estos animales que dejaron huella en vida, tanta que la familia o las familias a las que pertenecieron decidieron elegir este lugar bucólico para recordarles.