Fotografías: Irene González
Prepárate para disfrutar un precioso camino. Y más en este época del año donde las postrimeras lluvias han pintado de vivos colores los campos de Lanzarote. Un ruta plagada de miradores, de balcones naturales, de calderas y de majestuosa vegetación con espectaculares vistas del risco de Famara, el Volcán de la Corona y del Archipiélago Chinijo.
Para imbuirse en este sendero, se puede elegir entre dos puntos de inicio. El más tradicional es junto a la entrada hacia el pueblo de Guinate. Desde el giro que dirige al pueblo, se alza un empinado camino de tierra que da comienzo a este sendero. Sin embargo, nosotros vamos a comentar la ruta desde el otro punto de comienzo: el pueblo de Máguez. Concretamente desde la calle La Caldera. No tiene pérdida.
Antes de continuar, es necesario avisar de que este sendero (a pesar de lo que se pueda leer algunas reseñas) no es especialmente sencillo. Posee un desnivel bastante acusado que se eleva a través de buenas pistas, lo que puede suavizar la dificultad. No obstante, para hacerlo a pie hay que estar concienciado que la mitad del mismo es cuesta arriba (más de la mitad si se comienza desde Guinate). Todo esto da como resultado una ruta exigente de 8,6 kilómetros de nivel medio-alto, de los cuáles, unos 2,5 kilómetros se tratan de la carretera que une Guinate con Máguez que nos podemos ahorrar, dejando un coche en cada punto. Y hablando de coches, esta ruta es perfectamente realizable montado en vehículo por lo que es un plan fenomenal para que aquellas personas con movilidad reducida pueda disfrutar de la naturaleza.
El Camino de Gayo a traviesa una parte destacada del Macizo de Famara, mostrando un entorno de paisajes muy singulares, resultado de la compleja relación que mantienen en esta parte de la isla la actividad volcánica y los procesos erosivos. Se trata de un camino de marcados contrastes que mezcla algunos de los mejores ejemplos del volcanismo estromboliano en Lanzarote.
La presencia de actividades humanas es una constante en el paisaje. La disponibilidad de agua en la zona facilitó la consolidación de núcleos de población cercanos, así como la puesta en cultivo de una importante superficie agrícola que, en parte, hoy mantiene su uso. Uno de los magníficos ejemplos de estos, son las llamadas “fuentes de Gayo” que las encontraremos ya en el descenso a Guinate.
Sin pérdida alguna, y conociendo que el único desvío existente en el sendero es el que debemos realizar para disfrutar, precisamente, de la imponente visión que regala la Punta de Gayo, está ruta está hecha para disfrutar de principio a fin la potencia que la naturaleza vierte en esta zona de Lanzarote.
Origen toponímico de Gayo
Según el diccionario de Toponimia de Lanzarote de Maximiano Trapero y Eladio Santana Martel, “Gayo”, sin artículo ni complemento alguno, es el topónimo que denomina la zona relativamente extensa y llana en la parte más alta de la cordillera de Famara, a la altura de Máguez y dedicada al cultivo, en el municipio de Haría. Además, el término Gayo da nombre a otros topónimos menores de la zona.
Los autores explica que generalmente aparecía escrito como Gallo, casi seguro que por ultracorrección, creyendo que se trataba de una voz española. Pero los registros que proceden de la tradición oral lo transcriben como los naturales de Lanzarote lo pronuncian: Gayo. Y así aparece, por ejemplo, en el Diccionario de Madoz (1986: 116), pero con un añadido extraño: Gayo de Termeris, “que no sabemos de dónde lo saca, y del que dice que se encuentra al final «de la cordillera de Jamara» [quiere decirse Famara]”.
Berthelot y Chil lo escribieron como Gaya, y así lo recoge Wölfel (1996: 1012), quien ofrece para él el paralelo bereber “agayu” (pl. iguya) que significa ‘cabeza’.